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Los Justos

Uno de los profes más chingones que he tenido en toda mi vida me recomendó este poema de Jorge Luis Borges, y me latió mucho como para compartirlo con ustedes:

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


Si hay un profesor al que extrañaré cuando salga de la uni, es a Landeta.


Pequeño Haiku

Ya saben que a mí me gustan las cosas raras de positivismo. Entre esas cosas raras, estoy inscrita a un mailing list llamado Notes From The Universe y a veces me llegan cosas bien chidas, como el siguiente Haiku:

Sparks fly, angels talk,
time is bought and mountains walk.
How thoughts become things.

La verdad me gustó porque es cierta la última línea. Tus pensamientos se convierten en cosas. Para esto me refiero a pensamientos negativos y/o positivos sobre situaciones (aunque estaría chido pasarte un buen ratote pensando en ganar la lotería a ver si chance y si es cierto ;)).

 

Kisses,

Julie.



Qué costumbre tan salvaje

Les dejo un poema muy chido de Jaime Sabines, aprovechando que seguimos en Noviembre aunque ya se me pasó el Día de Muertos, me acordé que yo "declamé" este poema (junto con otros 2) en clase de Literatura por un trabajo del Día de Muertos y quise compartirlo:

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos! ¡de
matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos
alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que
rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la
introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras,
paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando,
amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos
derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo
dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de
su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o
tirarlo a un río?

Habría de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada,
limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada
día, se levantarían a vivir.


~Jaime Sabines

Se cuidan mucho! ;)